Segundas oportunidades
- unampress
- 26 oct 2023
- 3 Min. de lectura
Por Roberto Becerril
La ropa de segunda mano se ha posicionado en los últimos años como una alternativa para frenar el impacto ecológico que tiene la moda rápida o fast fashion, caracterizada por el uso de materiales no reciclables y orgánicos, tintas y otros productos poco amigables con el medio ambiente.
Este tipo de moda producida en masa también representa un riesgo medioambiental debido a la cantidad de emisiones y residuos que genera tanto su transporte como sus ciclos de desecho, sin contar que también ha propiciado situaciones explotación laboral por parte de los maquiladores de las grandes marcas.

Para hacerle frente a este problema, en fechas recientes se ha popularizado el uso de ropa de segunda mano, sin embargo, al significar un peligro multimillonario para la industria de la moda y la producción de prendas en masa, se le ha combatido con el descrédito, al afirmar que se trata de una práctica mal vista o poco salubre.
De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (CANAIVE), la ropa de paca ha disminuido en un 50 por ciento las ventas del sector y representa una competencia desleal, pues se estima que actualmente deja ganancias de hasta el 500 por ciento a sus vendedores.
Contra esa postura están los efectos de la huella ecológica que deja el uso del fast fashion, por ejemplo, el Programa para el Medio ambiente de la ONU (PNUMA) reporta que “la industria de la moda produce el 20% de las aguas residuales mundiales y el 10% de emisiones globales de carbono. Abonando también la cuestión del teñido textil, que requiere de aproximadamente dos mil galones de agua para hacer un pantalón tipo vaquero, que es un equivalente a la cantidad que gasta una persona en 10 años de su vida.
Según la Fundación Ellen MacArthur, la realidad es que la ropa de estas industrias a pesar de ser “nueva” se realiza con materiales de baja calidad, por lo que su vida “útil” se reduce a tan solo unos cuantos meses.
Estudiantes en acción
Conscientes de la situación, los universitarios han buscado alternativas para darle una segunda oportunidad a diversas prendas que consiguen en su casa, con conocidos o en mercados ambulantes, buscando contribuir a mitigar el impacto ambiental y al mismo tiempo generar una ganancia para solventar sus gastos durante la carrera.
Por ejemplo, estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales como Karla Cid y “Emmanuel” han incursionado en la venta de ropa de segunda mano con distintas perspectivas, como “darle uso a aquello que alguna vez usaron”, contribuir a la concientización de que la ropa es Unisex y el único requisito para usarla sea que te guste, y “disminuir la huella ecológica de ellos y sus compradores”.
La forma en la que la comunidad que compra y vende ropa de segunda mano puede seguir en crecimiento y continuar abonando de manera consciente a la lucha contra el cambio climático es seguir las indicaciones pertinentes de lavar la ropa que compras y/o lavando lo necesario a mano o utilizando la lavadora con cargas de aproximadamente 9 o 10 kg, secando la ropa al aire libre y cuidando la temperatura del agua, procurando estar previamente templada para favorecer la limpieza y evitar estar gastando energía en ponerla a temperatura ambiente.
De acuerdo con lo observado, la fusión de todos estos elementos podrá garantizar una disminución paulatina en el consumo y producción de productos del Fast Fashion, y un fortalecimiento de la comunidad universitaria en cuestiones de apertura de mercado en las facultades que lo permitan y una desestigmatización de la ropa de segunda mano y el apoyo a los compañeros universitarios para que puedan solventar gastos durante su estancia estudiantil promoviendo una cultura de respeto entre los vendedores y los compradores que caracteriza a las comunidades dentro de la UNAM.




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