Día de Muertos, un culto que permuta
- unampress
- 31 oct 2023
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Tiene su origen en las antiguas civilizaciones mesoamericanas y ha evolucionado igual que su impacto internacional
Por: Diego Raya
El Día de Muertos es de las tradiciones que más identifican a México, de hecho, en 2008 fue reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que ha hecho que año con año, la celebración se enriquezca y el turismo nacional y extranjero crezca debido a la diversidad de actividades que se realizan en estas fechas a lo largo y ancho del país.
A pesar de que el boom por el Día de Muertos se entrelaza con otras celebraciones como el Halloween, la realidad es que la esencia de la costumbre no se ha perdido: al pan de muerto, el copal, el cempasúchil, la comida en el altar y las velas, se le han sumado procesiones de catrinas y alebrijes alegóricos a la muerte.

Pero el Día de Muertos no nació de un hecho aislado: se tiene registro de que las civilizaciones prehispánicas acostumbraban rendir culto a sus muertos por lo menos en seis de los 18 meses del calendario mexica, según Lourdes Aquino, académica del Instituto de Antropología.
Para los indígenas, el hecho de morir también era un acto que debía celebrarse, pues los familiares del difunto organizaban una fiesta que funcionaba como guía en su recorrido al Mictlán (lugar de descanso eterno). Además, si el muerto sentía hambre, se colocaba comida que le agradara en vida.
El Día de Muertos en la cosmovisión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan al mundo de los vivos para convivir con sus familiares, para nutrirse de la esencia del alimento tangible que los vivos le ofrecen en los altares puestos en su honor.
Con la llegada de los españoles, se terminó por concitar la conmemoración del Día de Muertos de los indígenas con las celebraciones católicas en los días 1 y 2 de noviembre. Según el calendario cristiano, el primer día de noviembre corresponde a Todos los Santos, a los muertos chiquitos; el segundo, a los Fieles Difuntos, los adultos.

La idiosincrasia característica de los mexicanos se refleja en una tradición que conmemora a la vida sin soslayar la muerte. Pero la muerte no se entiende como una ausencia, sino como una presencia que está viva, dualidad materializada en el propio altar que se ofrece a los Fieles Difuntos.
Aunque cada estado del país, e incluso cada región, alcaldía o municipio conserva tradiciones particulares en tanto reflejo de la profunda diversidad cultural y social de México, el fondo de la tradición nunca perderá su esencia: la celebración de la venida de nuestros queridos difuntos que vienen a acompañarnos desde el más allá.




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